martes, 4 de septiembre de 2012

Manu Ginóbili


Una de las más gratas sorpresas que me ha proporcionado el reciente torneo olímpico de baloncesto —más allá de la excelente actuación, una vez más, de la selección española, un ejemplo de cómo el trabajo desde la humildad rinde fruto incluso para los más grandes—, ha sido la de comprobar el excelente nivel de juego que sigue exhibiendo, a sus treinta y cinco años, uno de los mejores jugadores de baloncesto de la última década, el argentino Emanuel Ginóbili.

Ginóbili —cuya  trayectoria NBA no he atendido regularmente en los últimos años, aunque me consta que sus prestaciones con los Spurs de San Antonio siguen rayando a gran altura— ha efectuado un notable torneo en Londres, y se ha vuelto a erigir en piedra angular, junto a hombres como Scola y Delfino, de una aún muy competitiva escuadra argentina —su cuarto puesto así lo refrenda—, a la cual, por exigencias biológicas (la edad media de sus puntales empieza a situarse bastante por encima de la treintena), le llega ya la hora de una profunda renovación. Sus números (19,4 puntos; 5,4 rebotes; 4,1 asistencias) lo acreditan sobradamente, pero, más allá de ellos, lo que sigue derrochando este extraordinario escolta es determinación, carácter ganador y capacidad individual para echarse a la espalda a su equipo y llevarlo a triunfos, por muy complicados que éstos puedan resultar a priori: algo que lo emparenta a esos jugadores de raza que, aun pecando en ocasiones de cierto individualismo (y me viene a la cabeza, como referente cercano y reciente, el caso de Papaloukas), siempre suman.

Claro, que ¿cómo no ser individualista cuando se dispone de esa combinación letal de tiro exterior y potencia de penetración que lo hacen un jugador tan difícil de defender? ¿Cómo no abusar de unos exquisitos fundamentos individuales que se despliegan en unas extraordinarias capacidades de drible, recorte y pase con las cuales traza trayectorias (corporales y de balón) impredecibles? ¿Cómo no aprovechar esa brutal potencia de salto, que le permite atacar el aro con la misma fiera determinación con que lo hacen los grandes ‘armarios’ afroamericanos que habitan en la pintura?

Con tales atributos, Ginóbili ha edificado una trayectoria, —tanto a nivel de clubes, en Europa y en Estados Unidos,  como de selección—, jalonada de victorias y títulos (Legas y Euroligas; anillos de la NBA; campeonatos continentales, mundiales y olímpicos) hasta alcanzar un palmarés solo al alcance de unos pocos elegidos. Ojalá Manu lo siga engrosando: significará que podemos seguir disfrutando de su juego eléctrico y electrizante.

* Pasando por el aro I.-

* La fotografía que ilustra esta reseña es obra de  mattbritt00 y se publica bajo una licencia Creative Commons.-

2 comentarios:

  1. Lo de empezar un bloc como éste, Manuel, con una reseña sobre un baloncestista, ¿es para despistar?

    No sabía que tuvieras esas inquietudes de cronista deportivo, ni tiempo para satisfacerlas a modo y manera.

    Espero que el empeño te satisfaga, en la seguridad que, por lo menos, en baloncesto, verás mejores espectáculos que en la sala oscura.

    Un abrazo.

    Josep
    p.d.: ¡Prime! (me hace ilusión, de veras..)

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  2. A mí también me hace ilusión, compa JOSEP: nadie más indicado para debutar en los comentarios de esta nueva cibercasa... Y no, no se trata de despistar: el baloncesto es una de mis pasiones fuertes y antiguas; desde pequeñito y siempre con intensidad. Es más, no deja de tener su lógica que, viendo, como veo, mucho más baloncesto que películas, escriba más de aquel que de éstas (aunque aquí también habrá cabida para otros deportes: fútbol, balonmano, tenis, boxeo...). No sé el recorrido que tendrá, tiempo para actualizar regularmente no voy a tener mucho, pero el intento lo voy a hacer. Y a ver qué tal...

    Un fuerte abrazo y seguiremos trasteando.

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